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Me llamo Débora.
Soy una estudiante de ciencias sanitarias a la que le apasionan las cosas relacionadas con la salud, biología, ecología...
También me encanta la cocina, me gusta inventar platos nuevos y descubrir técnicas. Me relaja mucho.
Además, amo la música!!! Me chifla ir a conciertos y también darlos, siempre que se presenta la ocasión ya que soy cantante. Adoro el rock, el grunge, jazz, metal... Todo en realidad. De hecho mi blog tiene de nombre una canción de Foo Fighters!
Me gusta pintar, dibujar y todo aquello que conlleva algo de creatividad, por eso, entre otras causas, me gusta el maquillaje.
Espero que mi blog os guste, ya que quiero compartir con vosotros un poquito de mi mundo!!!
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jueves, 29 de marzo de 2012

Economía para bárbaros, capítulo 4: La banca

Las cosas iban mal en la aldea. Esta nueva invención, el dinero, suponía la diferencia entre tener y no tener, entre ser y no ser, y algunos aldeanos no eran. Esto llevó a que empezaran los robos. Aquellos que no tenían aprovechaban los despistes de aquellos que poseían más dinero y se hacían con sus monedas. La inseguridad crecía cada vez más, y los aldeanos ya no sabían dónde esconder su dinero.

Pero a río revuelto, ganancia de pescadores. A un aldeano llamado Bancario se le ocurrió una idea: él guardaría el dinero, quedándose una pequeña parte a cambio, por supuesto. Y así lo hizo. Pronto los aldeanos confiaban a Bancario sus ahorros a cambio de protección, y este se quedaba una pequeña parte para poder pagar los sueldos de un par de muchachos que protegerían el lugar donde guardaba el dinero de todos. A cambio les daba un pergamino en el que indicaba que él les estaba guardando el dinero y la cantidad que era, y con ellos podían acudir a retirar de nuevo sus ahorros. Bancario acababa de inventar los billetes.

Pronto muchos otros se sumaron a la idea, con lo que ya no todos dejaban el dinero en sus manos, si no que se iba repartiendo entre estos nuevos "Bancos" que habían surgido. Así que se preguntó qué podía hacer para atraer a más clientes a su negocio. No podía reducir la cuota que se quedaba por proteger los ahorros, ya que necesitaba pagar a sus guardias, a no ser... que encontrara una fuente alternativa de ingresos.

Y la encontró. Bancario se dio cuenta de que los aldeanos tendían a dejar la mayor parte de sus monedas en su casa, y sólo de vez en cuando retiraban una pequeña parte: lo suficiente para hacer las compras del día o de la semana. Esto le dio una idea: podía prestar todo este dinero que tenía parado en sus arcas a gente que lo necesitara, a cambio de que aquellos se lo devolvieran con intereses. Y funcionó, con ésto pudo no sólo reducir la cuota que cobraba por proteger los ahorros, si no que acabó por eliminarla, y al final, incluso premiaba a aquellos que confiaban en él, prometiéndoles multiplicar su dinero si lo dejaban a su cargo. A Bancario le iban bien las cosas... ¿pero hasta cuando?


¿Qué han aprendido los bárbaros?

En realidad, el único que ha aprendido algo hoy ha sido Bancario, que además de inventar los billetes y los intereses, ha aprendido a crear dinero bancario. Este es un tipo de dinero que se podría decir que no existe, pero los bancos son expertos en crearlo. Si un bárbaro le deja 100 monedas a Bancario, este le presta esas 100 monedas a otro bárbaro. El primero tiene 100 monedas, pero el segundo también, así que entre los dos ahora tienen 200 monedas, creadas a partir de las 100 primeras. Parece magia, ¿verdad?

Pero esto tiene un problema. Imaginemos que el primer bárbaro ahora acude al banco y pide que le devuelvan su dinero. No podrá ser, ya que lo tiene otro bárbaro. Esto es lo que se conoce como un pánico bancario: aquellos que tienen su dinero en el banco, por algún motivo, no se fían y acuden en masa a retirarlo. El dinero no está allí, con lo que no se puede hacer frente a sus demandas. Esto ocurrió en Argentina a principios de este siglo, y se impuso el llamado "corralito", el cual impedía a los ciudadanos retirar su dinero de los bancos.

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