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Me llamo Débora.
Soy una estudiante de ciencias sanitarias a la que le apasionan las cosas relacionadas con la salud, biología, ecología...
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jueves, 22 de marzo de 2012

Economía para bárbaros, capítulo 3: La intervención del estado

Los helados vientos del invierno seguían azotando a la aldea de los bárbaros, que se resguardaban en sus cabañas como buenamente podían. En la más grande de ellas vivía el Jefe de la aldea: Estadonio, entre pieles de osos (que él afirmaba haber cazado con sus propias manos, pero en realidad se los encontró ya muertos) y otros lujos dignos de alguien de su posición y linaje.

Estadonio no era ajeno a lo que ocurría en su aldea, ni tampoco gobernaba de espaldas a su pueblo. Con la aparición del pago mediante pepitas de oro, apareció también una disputa habitual entre los aldeanos: se solía dudar de la pureza y el peso del oro. Para solventar esta situación, las pepitas de oro debían pasar por la forja del herrero de la aldea, el cual certificaba su pureza y las moldeaba en forma de disco, comprobando que su peso era siempre el mismo, además de aplicar en ellas el símbolo de la Casa Real de la aldea: dos osos rampantes.

Pero este no era el único problema al que se enfrentaba el sabio Monarca de la aldea. Recibía a menudo quejas de los bárbaros sobre el elevado precio que estaba alcanzando la leña. Leñadorio amasaba ya una gran fortuna y tenía a varios jóvenes bárbaros a sus órdenes, ayudándole a cortar y transportar toda la madera que demandaba la aldea. Por supuesto, el hecho de tener que pagar a sus muchachos por su trabajo había elevado el coste de producción, con lo que Leñadorio tuvo que aumentar el precio a 5 monedas por kilo de leña para poder seguir obteniendo beneficios.

Estadonio decidió que debía proteger a su pueblo del creciente aumento del precio de la leña, con lo que fue a ver a Leñadorio y le prohibió vender la leña a más de 2 monedas por kilo. De esta forma todos los aldeanos podrían permitirse comprar leña para calentarse en este cruel invierno. O eso pensó.

Pronto descubrió que había conseguido el efecto contrario: ya nadie podía comprar leña, porque simplemente no había suficiente para todos. ¿Qué había pasado? Leñadorio había hecho cálculos: vendiendo la leña a 2 monedas no podía permitirse pagar el sueldo de sus ayudantes, con lo que tuvo que despedirlos y seguir con su negocio él solo, viéndose obligado a traer menos leña a la aldea.


¿Qué han aprendido los bárbaros?

Por un lado, han comenzado a acuñar moneda con el fin de certificar la autenticidad y valor del objeto con el que se llevaban a cabo los intercambios.

Por otro, han descubierto que la intervención del Estado afecta a la oferta y la demanda. Si el estado fija un precio máximo para un bien, los productores se ven obligados a reducir su oferta hasta que el nuevo precio del bien les permita seguir obteniendo beneficios. Como esta nueva oferta no se corresponde con la demanda, se produce una situación de escasez.

El caso contrario, sería que se hubiera fijado un precio mínimo, superior al precio de equilibrio del bien. Por ejemplo, Estadonio podría haber decidido que la leña debía venderse aún más cara de lo que ya era para que Leñadorio obtuviera más beneficios. En ese caso los compradores estarían menos dispuestos a comprar ese bien y disminuiría la demanda, con lo que los productores se encontrarían con un exceso de oferta, lo que significa que serían incapaces de vender sus productos.

Próximamente: La aparición de la banca.

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